El Gen de La Crueldad



La ciencia forense moderna identifica la violencia contra los animales no como un incidente aislado, sino como el indicador clínico de un trastorno de la personalidad sociopática.
​El análisis de la psicología criminalística ha determinado que el maltratador de animales opera bajo una estructura de dominio y control. No se trata de una "pérdida de estribos", sino de una manifestación de la Triada Oscura: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía.

Quien violenta a un ser sintiente está ensayando un patrón de poder que, estadísticamente, se traslada hacia humanos. La literatura médica y los perfiles de la Escuela de Chicago confirman que el 30% de estos agresores son individuos jóvenes que, sin intervención, escalarán sus conductas hacia la violencia intrafamiliar o delitos de mayor impacto.

​El perfil se desglosa en siete rasgos patológicos fundamentales: la ausencia total de remordimiento, la cosificación de la víctima, el uso del animal como chivo expiatorio para descargar frustraciones sistémicas, y la búsqueda de gratificación mediante el sufrimiento ajeno.

La sociedad debe entender que el victimario no "odia" al animal, sino que ama el poder que ejerce sobre un ser indefenso. Esta distorsión cognitiva es la misma que alimenta a los agresores seriales y maltratadores domésticos. La vigilancia sobre estos perfiles no es solo una cuestión de ética animal, es una prioridad de seguridad pública y salud mental comunitaria.



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